Síndrome del canal nervio cubital

El nervio cubital viaja desde la axila hacia la parte medial del brazo, para luego atravesar la zona posterior y medial del codo, desde donde pasa la zona interna del antebrazo. Durante su trayecto en el brazo, viaja por una especie de túnel que en la zona distal (al final) del brazo lo forman un tabique o pared fibrosa (que divide el compartimento posterior del brazo del anterior) y el músculo tríceps que cuando se hipertrofia puede irritarlo. En el codo pasa por un túnel de hueso y tejido fibroso (osteofibroso): el “suelo” está formado por hueso, específicamente la pared medial de la tróclea y un ligamento que tapiza este hueso, y el techo está formado por unas fibras (ligamento de Osborne) que van desde la epitróclea (el hueso que palpamos en la zona de dentro del codo) hasta el olécranon (el hueso del extremo del codo). Este túnel es inextensible, y por el contrario, cuando flexionamos el codo cambia de forma (la fibras que van de la epitróclea al olécranon se tensan) y cierran aún más el túnel por donde pasa el nervio cubital. Es por ello, que sin estar enfermos, cuando mantenemos demasiado tiempo el codo flexionado (al leer un libro, el periódico o el ipad), podemos experimentar hormigueos, entumecimiento y pinchazos en los dedos anular y meñique de la mano. En el antebrazo, el nervio cubital perfora un músculo para profundizar en el antebrazo, y y de nuevo aquí, las partes más fibrosas del músculo pueden comprimir al nervio (arcada de Osborne y aponeurosis profunda del FCU). Como podemos ver, existen varios puntos donde el nervio cubital puede sufrir una compresión o irritación. Este aumento de presión sobre el nervio disminuye la llegada de oxígeno al mismo ocasionando diversos síntomas según la severidad y el tiempo de evolución. El paciente puede referir sensaciones como entumecimiento, hormigueos, pérdida de la sensibilidad, dolor y pérdida de fuerza y movilidad a nivel de la mano y dedos. En función del caso podrán ser necesarias exploraciones tales como las pruebas de imagen (radiografías, escáner o TAC, resonancia magnética o RM, gammagrafía, etc) y pruebas de conducción del nervio (electromiografía, electroneurografía) para identificar la causa del problema. En función del diagnóstico se planificará el tratamiento, En casos leves se recomiendan cambios posturales, sobretodo de noche (evitar dormir con los codos en flexión mediante el uso de férulas nocturnas), y en casos con mayor afectación habrá que recurrir a la cirugía. En general el objetivo de la cirugía es descomprimir el nervio, liberándolo de las estructuras que le comprimen o irritan en su trayecto.